El bosque petrificado de Jaramillo y el paraje de Cabo Dos Bahías son los hitos culminantes de la última parte de este recorrido por la Patagonia argentina y atlántica. Son puntos de paso imprescindibles que nos sumergen en la alborada geológica de la tierra y brindan la oportunidad de apreciar ecosistemas únicos.

La localidad de Jaramillo, siguiente punto de paso de este recorrido por la Patagonia argentina, nos situará en condiciones de alcanzar un objetivo aún mayor: recorrer el área de los bosques petrificados más importante de Sudamérica. Para alcanzar Jaramillo hay que deshacer total o parcialmente el camino de ida hacia Cabo Blanco (ver post relacionado). Dependiendo de las prisas podemos hacerlo completamente y tomar la N281 dirección oeste por unos 100 km aproximadamente. Pero si el tiempo no apremia, contamos con una autonomía superior a los 600 km -aconsejable 800- (1) y queremos experimentar seriamente la soledad de la estepa patagónica podemos seguir por la RP14 rumbo oeste, que nos permitirá aproximarnos a aisladas estancias (San Lorenzo, El Polvorín, Los Álamos, etc…) y avistar algunos puntos costeros. Son poco más de 100 kilómetros de escaso tránsito desde el entronque de la RP91 proveniente de Cabo Blanco hasta la Ruta Nacional 3 y la citada población de Jaramillo, donde podemos pernoctar. La única señal de vida en lo que parece un inmenso páramo sometido a fuertes vientos va a ser el cruce del personal a bordo de algún vehículo proveniente de las estancias del lugar; en el reino animal, la presencia de tropillas de choiques y guanacos, el andar fugaz de algún zorro o el vuelo del águila mora puede amenizarnos la marcha. En el cruce de la RN3 con la N281 podemos reparar sobre una estatua erigida a la memoria de Facón Grande, líder rural en las revueltas de 1920-1921 asesinado junto con otros obreros por militares y oligarcas de la región.

Viajar por esta zona de la estepa patagónica es presenciar una naturaleza de extremos que muestra, junto con el dramatismo de un territorio sujeto a una climatología rigurosa, algunas de las primeras páginas geológicas de la tierra. Hace 150 millones de años el clima era cálido y húmedo y la ausencia de Los Andes facilitaba el paso de los vientos húmedos del Pacífico y lluvias generosas. América comenzaba a separarse de África. Era época de dinosaurios y reptiles voladores, de gigantescos árboles, antecesores de las actuales araucarias. Millones de años después, con la formación de la cordillera andina, erupciones volcánicas destruyeron los bosques y las cenizas sepultaron los árboles caídos. Un largo proceso de filtración de aguas y las cenizas por los poros de los troncos acabaría petrificándolos para, posteriormente, debido a intensos procesos de erosión dejarlos al descubierto.

          

Una muestra visible de ese colosal proceso es el bosque petrificado de Jaramillo, el más sobresaliente de toda Sudamérica y donde pueden apreciarse entre cientos de ramas, astillas y frutos fosilizados troncos de cerca de 30 metros de longitud y hasta 3 metros de diámetro en perfecto estado. Un área periférica declarada Reserva Natural por la riqueza de la fauna y la flora adoba este espacio de excepcional valía declarado Monumento Nacional. Más al norte, ya en la provincia del Chubutt y unos 30 km al sur de Sarmiento, se encuentra la Reserva Natural José Ormaechea, de similares características, incluso más extensa que el área estricta de Jaramillo, aunque con procesos de petrificación diferentes. Es el complemento perfecto para acabar de leer el apasionante pasado de la Patagonia, donde conviven otros personajes como dinosaurios, reptiles y aves gigantes que pueden verse en una fenomenal exposición en el Museo Paleontológico de Trelew (MEF), el mejor de toda Sudamérica. De Camarones, donde finaliza esta ruta, hasta Trelew apenas hay tres horas de camino y, repetimos, el desplazamiento se lo vale. Y un poquito más al norte, el santuario natural de Península Valdés… no hay que resistirse a la tentación.  (Ver post relacionado).

Pero volvamos al punto donde dejamos la ruta. Para llegar a este espectáculo geológico que son los bosques petrificados de Jaramillo y su entorno tenemos dos opciones desde el cruce de la RN3 con la 281 (población de Jaramillo) La primera es tomar la RP93, que sale 15 km al sur del citado cruce y que acaba conectando con la RP49, la ruta principal de acceso al parque, situado unos 13 km más adelante. Serán 90 km de tránsito por una pista escasamente frecuentada que parece sumergirnos en el vacío más absoluto. Pero desde un punto de vista de la seguridad esta pista es aconsejable para vehículos 4×4, pues contiene pasajes arenosos y zonas inundables en época de lluvias. La segunda alternativa y la más corriente (apta para todo tipo de camper / AC) es seguir descendiendo por la RN3 hasta el punto kilométrico 2074 y agarrar la RP 49 (de ripio) durante unos 50 km.

          

Los folletos del parque indican que un par o tres horas son suficientes para recorrer el sendero habilitado para apreciar los fósiles y ejercer la imaginación sobre el pasado geológico de la Patagonia, dominado aquí por una antigua depresión marina (lago Grande) y el cerro Horqueta hacia el SO, un antiguo volcán responsable del caos vivido y en cuyas crestas (Madre e Hija) se han encontrado fósiles como ostras y dientes de tiburón. Pero lo cierto es que se puede invertir más tiempo, especialmente los apasionados de la fotografía. Con los primeros rayos del sol y al atardecer, los troncos fosilizados de los árboles, sus cortezas y alburas parecen materia viva. Son momentos vibrantes donde también el paisaje de mesetas circundante adquiere volúmenes y formas contrastadas, desde blanquecinos, ocres entre amarillo y marrón a una extensa gama de tonos rojizos.

          

Ah¡, no dejéis de visitar el museo existente en las mismas dependencias de los guardaparques. Sencillamente, delicioso.

          

El otro gran objetivo de la ruta y destino final de la misma nos devuelve a la costa nuevamente.  Es un largo trecho, superior a los 500 kilómetros, hacia el noreste hasta alcanzar el área protegida del Parque Marino Costero Patagonia Austral, presente desde Bahía Bustamante a Cabo Dos Bahías. Camarones es el principal núcleo habitado.  Abreviando la marcha, podemos deshacer el camino de ingreso la Parque de Jaramillo por la RP49 hasta la RN3 y en sentido norte pasar Caleta Olivia -30 km. al norte se llega la paraje de La Lobería, en la misma playa-, también Comodoro Rivadavia y proseguir por la misma RN3 norte por otros 60 km hasta entroncar con el viejo trazado de la RN1 (la conexión está visualizada discretamente como RP73) Si la saltamos por la razón que fuere, tendremos acceso a Bahía Bustamante y al resto del parque marino a la altura de Malaspina por la RP 28 (191 km al norte de Comodoro Rivadavia). Un apunte de seguridad válido para toda la zona de Comodoro Rivadavia y Pico Truncado: es una zona muy ventosa, con puntas frecuentes de fuertes /violentos de vientos, particularmente a finales de primavera y durante el verano. Hay marcas registradas de ráfagas superiores a los 200 km/h. Atención pues a la marcha en carretera, al abrir las puertas -siempre a contraviento y/o resguardo- y la disposición del vehículo durante el estacionamiento/pernocta.

          

Si deseamos seguir inmersos en la soledad de la estepa patagónica, tras la visita al parque, proseguiremos por la RP49 sentido oeste para buscar la RP12, unos 50 km más adelante y tomarla hacia el norte por otros 116 km aproximadamente hasta llegar a Pico Truncado, la capital argentina del gas y rica en yacimientos paleontológicos. En adelante, seguir las indicaciones citadas hasta Bahía Bustamante. La pista discurre en medio de vaguadas amplísimas, faldeo de mesetas, travesía de depresiones (bajos) y cruce de cañadones y zanjones (cursos de agua eventuales). Un punto interesante para brujulear es el Bajo del Guanaco y el sitio rupestre del Cañadón de Las Cuevas (no confundir este lugar con el paraje de similar denominación asociado -y más afamado- al entorno de La Cueva de las Manos). El área referida se localiza a la altura de las estancias Los Toldos, La Batalla y Cerro Bayo.

          

Bahía Bustamante es actualmente un punto turístico -no masivo, afortunadamente- meritorio de una visita por contar en las proximidades un conjunto de pequeñas islas de interés ornitológico y una hostería agradable y de buen nivel. En nuestra opinión no merece el calificativo de ‘indispensable’ que las guías anglosajonas -y tour operadores yanquees– de referencia le otorgan. El lugar está bien desde un punto paisajístico -y bueno para una pernocta a pesar del viento- aunque resulta más sugerente por su historia, una antigua colonia alguera fundada por el español Lorenzo Soriano a finales de la década de los 50 del siglo pasado que llegó a reunir 500 almas.

          

La pista continua hacia Camarones bordeando algunas estancias (Esther, San Miguel) y sin mayores reseñas que el avistamiento frecuente de fauna patagónica (choiques, guanacos, quirquinchos, etc) y algún paso inundable. Unos 6 km antes de llegar a Camarones, con el mar al frente, parte a la derecha el ramal que conduce al paraje de Cabo Dos Bahías. Son 23 km (+ 7 km por dentro de la reserva natural estricta) bordeando playas, restingas, cabos, ensenadas y caletas de aspecto magnífico que invitan a una estadía sosegada (3), como Caleta Carolina y Caleta Sara, limítrofes con el espacio natural protegido.

          

En este lugar de especial protección, los pingüinos de Magallanes son las estrellas del lugar. La colonia de Cabo Dos Bahías está formada por unas 12.000 parejas y su visita está muy bien definida a través de pasarelas que permiten observar claramente el quehacer diario de sus miembros. Una época buena, formativa y divertida a la vez, para hacerlo es a comienzos de verano, cuando los polluelos comienzan a mudar el plumaje. La actividad es frenética durante las primeras horas de la mañana, cuando los padres marchan en procesión al mar a buscar alimento, y después del mediodía, con los pichones esperando ansiosos sus raciones de anchoas, calamares y merluza. Guanacos, choiques, perdices, maras, zorros grises, lobos marinos de dos pelos, cormoranes imperiales y ánades de varias clases (el pato vapor es el dominante) están muy presentes por los alrededores.

Camarones, la ciudad más antigua del Chubut y que fuera por mucho tiempo residencia de la familia Perón y donde Juan Domingo Perón pasara su niñez, pone punto final a esta propuesta de recorrido por la Patagonia argentina. Aunque bien podría prolongarse continuando por el viejo trazado de la N1, que acerca bellos lugares como Cabo Raso (85 km.) y la pingüinera de Punta Tombo que, con un millón de individuos, es la mayor colonia continental de Sudamérica. M. Durán y Ch. Huete

Notas prácticas:

  • (1) A nivel de combustible, siguiendo el recorrido propuesto desde Puerto Deseado hasta Pico Truncado, la única gasolinera (YPF) en el camino está en Fitz Roy, unos 20 Km al norte de Jaramillo, por la RN3.
  • (2) En el MN Bosques Petrificados no es posible la pernocta. Hay que hacerlo fuera del perímetro del parque. Un punto organizado -lo básico- es el camping ‘La Paloma’, en la misma RP 49, a unos 19 km de la entrada del parque.
  • (3) En el área de estricta protección de Cabo Dos Bahías no está permitida la pernocta, pero no hay inconveniente -y sobran lugares- para hacerlo en las inmediaciones.

          

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 Algunos sites de interés:

www.santacruzpatagonia.gob.,ar

www.chubutpatagonia.gob.ar